"Camilo era Camilo..."
Aquí se recogen apenas un puñado de anécdotas poco publicadas del héroe Camilo Cienfuegos, entre las cientos recopiladas en el Disco Compacto, que presentó el Museo Nacional y el Joven Club de Computación de Yaguajay hace unos años atrás
O ellos o nosotros Enma Hardón (Yaguajay, diciembre de 1958) En una oportunidad yo me expresé mal del chino Abon Lee y Camilo, que estaba escuchando, me dijo:- Enma, ese chino es muy buen militar, es muy valiente, y está peleando por su honor. No creo que pelee por otra cosa. De ser un cobarde ya hubiera rendido la plaza hace rato. Está bien que pelee, que no se rinda. Ahora, yo peleo por mi ideología, y mi ideología está bien definida: o ellos o nosotros. "Camilo, nos jodimos"José Antonio Méndez (amigo en Lawton y en los Estados Unidos) En cierta ocasión logramos que Don Méndez, puertorriqueño que tenía arrendada dos horas de transmisión en una estación norteamericana, nos diera 15 minutos en los cuales comenzamos a transmitir noticias de carácter local. En ese momento Camilo estaba trabajando en las afueras de New York, y al retornar a los pocos días a la ciudad, se enteró del espacio radial y se entusiasmó tanto que comenzó a colaborar con las transmisiones.Un buen día me pidió que le diera unos minutos, que tenía un comentario interesante, y yo le dije que lo preparara para el próximo programa. El día de la transmisión lo presenté como un periodista cubano. Comenzó Camilo su intervención y cuál no sería mi sorpresa cuando escuché que el contenido de su trabajo se refería a un violento ataque al State Departament por su apoyo a las dictaduras de América. Además lanzó improperios a un periodista americano que había escrito un libro titulado A sargent name Batista (Un sargento llamado Batista), donde glorificaba como un héroe al tirano, Camilo lo llamó prostituta de la pluma, vendido, miserable y no sé cuántos adjetivos más. Cuando terminó el programa le dije al salir: "Camilo, nos jodimos. Después de esto Don Méndez nos manda al carajo", y él me contesta: "No lo creo, tú verás como reacciona el público, seguro aumentamos la audiencia". Deuda pagadaFragmento de carta a los dueños de su antiguo trabajoA ustedes me dirijo, puesto que ante ustedes, como principales gerentes de esa casa, empeñé mi palabra, con respecto al pago delos $153,56 que desde esta ciudad haría, ya que en el momento de dejar esa casa, muy a pesar mío, me era imposible realizar esa liquidación. Adjunto a estas líneas, les envío el importe de ciento cincuenta y tres pesos con cincuenta y seis centavos ($153,56), pago total por el valor de las compras que en esa casa, "Sastrería El Arte", realicé en el tiempo que de ella fui empleado.
Ya realizada esta operación, podré sentirme verdaderamente tranquilo, sabiendo que esa mancha que sobre mi apellido pesaba, materialmente, está borrada. "Esto se pone bueno ahora" Juan Castro (Alicante, 20 de noviembre de 1958) Camilo había anunciado que la aviación enemiga en cualquier momento iba a bombardear el campamento. Eso fue como a las 8 de la mañana y como a las 10:00 se aparecieron los aviones, eran dos o tres B-26. Camilo nos gritó: -¡Riéguense!Y salió corriendo y se metió debajo de un árbol muy frondoso, se sentó y se puso a leer un periódico. Luego nos dijo:-¡Búsquense una mata grande, una piedra, un hueco...! ¡Que esto se pone bueno ahora!Yo me metí detrás de un tronco que estaba tirado en el suelo y, desde allí, veía perfectamente a Camilo, lo observaba: él continuaba leyendo el periódico. Los aviones primero ametrallaron todo aquello, luego, lanzaron una bomba, otra, otra, creo que lanzaron cinco. Yo no estaba acostumbrado y tenía un susto muy grande. Hablar de la bandera Félix Torres (Iguará, 28 de enero de 1959) A finales de enero de 1959, Camilo, Troadio Camacho y yo, organizamos un acto patriótico en el portal de la sociedad Liceo de Iguará. La apertura del mismo estaba a cargo de un estudiante de la localidad. El muchacho comenzó a hablar, y con palabras muy emotivas, hizo una exposición muy linda sobre la bandera cubana. Entonces Camilo, que estaba sentado a mi lado, me tocó por un costado y, subiéndose un poco más de lo usual una de las mangas de la camisa, me dijo:-Mira, Félix, cómo se me erizan los pelos cuando oigo hablar de la bandera. "Jeringuilla en mano" Orestes Guerra Cuando llegamos a La Mesa, Camilo tuvo que ir al hospital para reponerse de las heridas (segundo combate de Pino del Agua). El le tenía un miedo increíble a las inyecciones y un día en que Sergio lo iba a inyectar salió corriendo loma abajo hasta nuestro campamento, seguido del médico, jeringuilla en mano. Cogimos a Camilo y lo sujetamos fuertemente, yo le gritaba, déjate inyectar, pero había un problema, yo también le tengo pánico a las inyecciones y cada vez que Sergio se acercaba, lo soltaba por miedo a que en ese trajín el pinchazo me lo dieran a mí. Finalmente lo pudieron inyectar. Ya por esa fecha, Camilo se estaba dando a conocer por su audacia, inteligencia y voluntad. No te olvides de los libros Antonio Borges (La Caridad, 21 de octubre de 1958) Camilo me mandó a buscar y el día 21 por la tarde, llegué al campamento de La Caridad. Me saludó con un fuerte abrazo y me dijo: " Ven, Borges, y siéntate aquí a mi lado, que voy a hacerte unos encargos". Y me sentó en su hamaca. Habló de la posibilidad de conseguir dinamita, balas calibre 300, 45 y 38 fulminante, para mecha, aisladores, alambre eléctrico doble, medicinas, ropa, zapatos... y libros.- Ya no me queda nada que leer -me dijo-, los poquitos libros que tengo los he leído muchas veces y quiero que me consigas: Crónicas de la Guerra, de Miró Argenter; Canto General, de Pablo Neruda; un Diccionario de la Lengua Española y !a Constitución del 40.Yo traté de memorizar todo aquello porque no se podía escribir nada. Hablamos un rato, me despedí; ya había caminado unos 50 metros cuando Camilo me llamó, corrió a mi alcance, y me dijo:"Borges, no te olvides de los libros". "Su sombrero" Rafael Verdecia Lien Un día llegué yo a caballo a donde ellos estaban: era el día que llevaba el animal para ensillárselo a Camilo para que se trasladara de un lugar a otro. El coge y se pone mi sombrero y me dice que a mí no me lucía ese sombrero, que le lucía, por ejemplo, al Capitán Camilo, y se lo puso, se miró en un espejito y me dice:-¿Qué chico? Ponte la gorra esta.Le digo:- Bueno, me la llevaré para la casa y me pondré otro sombrero que tengo allá.El se quedó con el sombrero y yo lo miraba y me reía y él luego miraba que yo le estaba mirando el sombrero y se reía y guiñaba un ojo y le hacía señas a los otros compañeros; parece que él pensaba que yo quería el sombrero, pero era mirando que le lucía bien. Ese sombrero que Camilo traía era mío. Era mío y a mí me era un orgullo que a él le luciera bien. "Fibra humana" William Gálvez En mayo de 1958, Camilo le escribió al médico Julio Martínez Páez, para contarle el dramático caso de una niña, enferma mental, hija de campesinos de la zona, que eran decididos colaboradores de la tropa guerrillera.Unos días antes, Camilo había prometido al padre de la niña que el triunfo de la Revolución significaría la posibilidad de llevarla a un centro hospitalario y someterla a tratamiento. Pero luego pensó, y así le decía a Martínez Páez, que tal vez desde esos momentos pudiera hacerse algo por curarla:"... quiero empezar desde ahora, y para eso (...) acudo a usted, ¿qué podemos hacer desde ahora? Usted posee amplias relaciones y quizás esté en sus manos el hacer algo".