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La guajira

Arquitecto de su destino

Al borde de los 80 años, algún tiempo antes de morir, uno de los pediatras más solicitados de la Villa, el Doctor Raúl Martínez Torres, desgranó para esta entrevista sus quehaceres múltiples y anécdotas, en el compendio de su vida, dedicada por entero a esta tierra

Esta mañana, abre el baúl repleto de su vida y lo desgrana, despacio y en voz baja, al estilo de quien revela íntimos secretos. En la consulta de casa, que no usa desde hace alrededor de una década, todo se mantiene intacto. Por momentos, la voz del Doctor está fatigada, pero enseguida se repone e insiste, como si necesitara este recuento público de su existencia fecunda."Yo soy nacido, criado y malcriado en este pueblo y me siento muy orgulloso de ser espirituano, cubano, martiano y antiimperialista", define casi desde el saludo el Doctor Raúl Martínez Torres, uno de los más solicitados pediatras de la Villa, un hombre culto, al borde de 80 años marcados por envidiable fidelidad a su profesión, a la familia y a Sancti Spiritus.

Enjuto de carnes, con los achaques recurrentes de la diabetes y un desgaste visual considerable, busca salidas emergentes para cada trampa del tiempo, como los ejercicios para su memoria, con la recitación de algunas de las 100 mejores poesías del Castellano antiguo; o esas ingeniosas tertulias que desde hace años mantiene dos veces por semana en la casa del amigo y maestro de la radio, Pedro Andrés Nápoles, quien lee para ambos libros, los más diversos libros.

 La iniciación

Sorteando los baches lógicos de la memoria, el Doctor Martínez Torres evoca los quehaceres de su padre como Práctico de farmacia, las inclinaciones juveniles por la Medicina, compartidas con el hermano Eduardo, los años en la Universidad de La Habana entre 1943 y 1950, las prácticas en los hospitales capitalinos, la beca otorgada para viajar a los Estados Unidos. "Allí, en el Estado de Illinois, estuve tres años con otro compañero de Fomento, hicimos un internado rotativo por las distintas especialidades y luego profundizamos en la Pediatría."

 ¿Y por qué no se quedó a ejercer allá? Cuando triunfó la Revolución tampoco emigró, a pesar de su procedencia acaudalada y de que la mayoría de los médicos se marcharon del país.

"Yo tuve una maestra que se llamaba Julia Bravo, una mujer íntegra, que predicaba la honradez y el amor a la Patria. En la casa, mi padre y mi abuela sobre todo defendían lo reyoyo espirituano, la cubanía, y esas enseñanzas son muy importantes. Cuando terminé de estudiar, algunos me dijeron que me quedara porque lo que ganabas en un año en Estados Unidos, en Cuba necesitabas 10. Ellos, los de enfrente, tienen un signo de dinero en cada ojo. El ambiente discriminatorio contra los latinos y los negros no me gusta, yo no sirvo para vivir allá."

 ¿Y cuál fue su participación en las luchas revolucionarias, cómo es la historia del día que compartió una tribuna con Fidel?"Comencé en el Bachillerato, con algunas actividades patrióticas. Luego, en la Universidad, fui Delegado de curso y Secretario de la Escuela de Medicina, me nombraron para ir al Primer Congreso pro república española,  ayudé a movimientos estudiantiles y a exiliados."A Fidel lo conocía como todo el mundo en la Universidad, y un día, en segundo año de la carrera, me seleccionaron para hablar en un acto en el Cementerio de Colón, por el aniversario del fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina. Allí hizo un discurso una compañera de Derecho, yo y por último Fidel. Tengo el recorte de los periódicos de la época, que lo publicaron.

"Después de graduado, aquí me vinculé al Movimiento Nacional Revolucionario y luego fui fundador del Movimiento 26 de Julio, era como un divulgador, hacía acciones de propaganda, imprimía y distribuía documentos y panfletos clandestinos en la zona, atendía la emisora, cuando se formó la Cadena de la Libertad, a fines del '58, pude participar. También recibí la misión de avisar a la radio el momento de la entrada de Fidel, el 6 de enero, para que ellos lo anunciaran públicamente. En 1957 enfrenté nueve juicios en el Tribunal de Urgencias de Santa Clara, por 'fidelista y subversivo', recuerdo que yo llevaba un cepillo de dientes en el bolsillo por si me dejaban preso, pero nunca pudieron probarme nada."

 El caminoEl Doctor Martínez Torres regresó de Norteamérica cargado de sueños. Enseguida comienza a trabajar en una consulta humilde de la calle Santa Ana, como parte del Patronato del Servicio de higiene infantil, que regía el Club Rotario, una organización internacional para obras de beneficiencia social. "Allí había días de consulta gratuita, era un modo de solidarizarnos con los desposeídos. Luego me vinculé a una Cooperativa de médicos en una clínica que buscaba abaratar los gastos de los pacientes.

"Entonces había poco adelanto, propuse mejorar el servicio de higiene infantil y con el aporte del pueblo logramos inaugurar un nuevo local en 1955. Muchos también venían a buscarme a la casa por las tardes, a veces pagaban y a veces no, yo los veía a todos, creo que fui el primero en tener un consultorio médico de la familia parecido a esos de ahora".

 ¿Y cómo eran las condiciones de trabajo, qué se necesita para ser un buen pediatra?

"Antes era difícil, pero en Cuba aprendimos mucho a resolver con el diagnóstico clínico porque se hacían sólo los análisis imprescindibles, no había Bacteriología, ni ecocardiogramas, ni nada. Para ser un buen pediatra hay que estudiar profundamente la Medicina en general y la especialidad en particular, reconocer bien a los niños desde que nacen, buscar cualquier anomalía. Yo me mantenía actualizado a través de la Asociación de Pediatras, participaba en jornadas médicas, tenía suscripción a varias revistas especializadas. Hoy algunos se quejan, pero no hay médicos como los cubanos, están muy bien, muy preparados."

 La consagraciónHace una pausa. La conversación y los recuerdos lo agitan. Asegura que está intentando dejar de fumar, pero prende el tercer cigarrillo de la mañana. El Doctor Martínez Torres jamás se apartó de la Medicina. Enseguida se incorporó al llamado entonces Hospital Civil, hoy Materno, donde creó una sala de Pediatría. Más tarde, se incluyó entre los fundadores del Hospital Pediátrico, cuyos servicios respiratorios dirigió por muchos años y donde alcanzó la jubilación en 1990. Fue una época de intenso quehacer. El recuento incluye cientos de casos, niños salvados de la muerte; enseñanza y formación a sus seguidores; participación en eventos y hasta un congreso internacional; anécdotas como la ocasión en que atendió al poeta accidentado Regino Botti; el importante estudio sobre la úlcera gástrica en menores; su iniciativa de introducir, posiblemente por primera vez en Cuba, la vacuna contra la tuberculosis.Pero aún así, no resultó un hombre encerrado en su profesión: "Siempre soñé con hacer algo por Sancti Spiritus y creé el Instituto Municipal de Cultura. Involucré a las autoridades y creamos una escuela libre de pintura, en los altos de la Plaza; sugerí y logré que se mantuviera un programa de música instrumental clásica todos los domingos en la emisora; dirigí el cineclub; preparamos una exposición fotográfica; y hasta hicimos una feria del libro, donde invitamos a Nicolás Guillén, quien vino muy cortésmente a premiar a los ganadores de un cuento que también convocamos."

Estos quehaceres de promotor cultural no le impidieron algunos modestos pasos propios en la poesía, pintura, la caricatura, y sobre todo,  la composición de más de 20 canciones, hoy incluidas en los registros y por las cuales pertenece a la Asociación Cubana de Derecho de Autores Musicales. "Aún mantengo mis rutinas, no me gusta estar siempre dentro de la casa, paseo por el bulevar, visito a los amigos, voy a la Casa de la Trova. Aquí casi todo el mundo me conoce, todavía algunos llaman para que les vea a los nietos, pero ya para eso no tengo habilidad."

 ¿Y después de tanta historia, cuáles considera sus principales satisfacciones e insatisfacciones?"Hice y ayudé en todo lo que pude. Tengo la satisfacción de una familia como debe ser, mi buena señora, mi hija, estomatóloga, y el varón es médico, y está esperando para cumplir una misión internacionalista. Pero la mejor medalla que yo guardo por mi trabajo es toda esa gente que conozco y me saluda en la calle y dice que fui su médico cuando muchacho, ellos todavía se acuerdan de uno.

"Insatisfacción no tengo porque la vida me ha dado más de lo que merezco y he pedido, por eso a cada rato repito esa poesía de Amado Nervo:

Muy cerca del ocaso

yo te bendigo vida

porque nunca me diste ni esperanza fallida

ni trabajos injustos, ni penas inmerecidas

porque veo al final de mi rudo camino

que yo fui el arquitecto de mi propio destino..."
 

4 comentarios

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Roberto Garcia -

Lo admire por su gusto a la musica , hable con el en la Casa de la Trova .
No he podido saber la fecha de su fallecimiento.
Alguien sabe?
Su tema El kilo no tiene vuelto , lo tengo por Rompesaraguey.

JUAN MANUEL LLERA MARIN -

Sancti Spiritus tiene mucha historia de médicos que hicieron lo suyo en beneficio de la comunidad, y entre ellos, el Dr. Raúl Martínez Torres. Creo sinceramente que merecidísimo homenaje, éste, de publicar su resumida biografía, para que las nuevas generaciones alcancen a conocer la valía de este profesional espirituano que ganó el respeto y agradecimiento de su pueblo

Aldo -

Nunca la conocí personalmente pero siempre me gustócomo escribía...Ahora más todavía.